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EL CUCHILLO DE MI PADRINO
   

Al cuchillo de mi padrino le falta filo.

Recién quise cortar un pedazo de asado como siempre.
Hice dos pasadas… y tuve que hacer más.

Y corté la carne con la mala noticia de que el filo va desapareciendo.

Más temprano que tarde lo voy a afilar.
Con lágrimas en los ojos lo voy a afilar.
Cada vez que la piedra pasa por la hoja parte del metal se gasta, lo sé.

Y un día, un día, no habrá más cuchillo de mi padrino para cortar.

Fue en el velorio hace diez años que la madrina me llevó a un costado, sin que nadie nos viera y sacó el cuchillo y la funda con las iniciales grabadas y me lo dio.

Tomálo – dijo – él hubiese querido que lo tengas vos.

Y tardé en usarlo cuatro años, para que no se gaste.
Pero para que sirve un cuchillo si no es para cortar.
No es un adorno, es un cuchillo.
Es el cuchillo de mi padrino.
Es mi cuchillo.

Y no hay mejor homenaje para el padrino que cuidarlo siempre.
Y si no corta, afilarlo.
Hasta que alguno de los dos se vaya del todo.

El cuchillo de mi padrino gastado totalmente y ya sin hoja.
O yo, que en mi velorio mi mujer va a llamar a un costado a mi hijo para decirle:

Tomálo.

Papá hubiese querido que lo tengas vos.



Lucio Vischñevsky
 
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Este cuento está en el LIBRO 1