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MIS AMIGOS
   

Treinta y cinco años van que nos juntamos los jueves a comer pizza en lo de Marcial.
Se habla de fútbol, se habla de mujeres, de política, de laburo, de los hijos, en fin…
Hace ya dos jueves que el tema son los sueños.
Y parece mentira, che.
Más lo hablamos y más sueños tenemos.

Somos la banda de la Escuela de Comercio número 20 “Juan Agustín García” de La Paternal.
Yo, Roque, Marcelo y Darío.
Gordos
Pelados
Gente grande.

El primero fue Marcelo, siempre es el primero igual que cuando eramos pibes y se colaba en todas las filas aunque tuviera que empujarnos a codazos, siempre primero él.
Marcelo soñó que tenía un barco chico y navegaba por el mar con anteojos oscuros y fumando un habano y sabía un montón de navegación.
De repente se le aparecía una balsa con una mujer semidesnuda.

Ahí lo interrumpimos a los gritos. Roque le pegó un saque en la cabeza y yo lo cargaba.
Marcelo decía que era cierto, que había soñado eso, que no era verso.

… Y Darío,… callado.

Yo conté que tuve una pesadilla.
Estaba en una cancha y jugaba de ocho y era el capitán.
Creo que jugaba en Racing,…si, era en Racing.
Ganabamos dos a cero y lo transmitían en directo a todo el mundo.
En la tribuna estaba el flaco Menotti mirando jugadores para la selección.
Yo la estaba rompiendo, me comía la cancha.
En un momento le tiro un caño a uno de Boca y viene de atrás el seis de ellos y me revienta de una patada.
Duele
Duele mucho
Se vienen todos corriendo agarrandose la cabeza.
Duele mucho
Mi pierna derecha queda toda torcida en ángulo recto y no la puedo mover más.
Me la rompieron, es una fractura.
Me desmayo y no sé como veo que el flaco Menotti se va de la cancha moviendo la cabeza.
Me despierto a los gritos.
Roque me palmea, Marcelo me llena el vaso con cerveza.

… Y Darío,… callado.

Roque contó que se peleaba con dos tipos.
Pobre Roque, siempre fue medio bestia.
En la secundaria era King Kong.
Un ropero con dos manos que parecen guantes de béisbol.
En el sueño iban piña y piña.
Él solo contra dos, y estaba ganando.
No sabe cómo después aparece en un parque y hay una casita sin puertas ni ventanas y una familia encerrada adentro.
Dice que empezó a pegarle a la pared.
Uno, dos, uno, dos.
Los nudillos le empiezan a sangrar y, en un momento, la pared se rompe y se abre un agujero.
Salen tres chicos, dos mujeres, dos tipos, y lo abrazan, lo abrazan hasta que lo tiran al suelo y los chicos no paran de besarlo.
Roque contaba eso y se ponía colorado.
Marcelo, que es un guacho, lo empezó a cargar.

- ¡Que ternurita!, ¿Querés que te dé un beso?
Decí que Roque es un amigo sino le parte la cara de un trompazo.

…Y Darío,… callado.

- ¿Y vos Darío, no soñas nunca nada?
- ¡ Dale jetón, ¿Que te pasa?¿Que te pasa?!

Darío empezó a hablar despacio mirando para abajo.

No sé donde estábamos, no era acá.
Fue el domingo a la noche. Parecía un sueño normal.
Había una mujer.
Rara, rarísima.
Divina.
Tenía un vestido negro sin mangas, los brazos largos y la piel blanca, o transparente.
Me hablaba a mí pero no movía los labios.
Hermosísima.
El pelo negro, y rojo, largo.
Dijo que me venía a buscar.
Era La Muerte,… y yo no quería.
Por Susana, por los chicos, no quería.
No quería.

Se me acerca y les juro que yo temblaba de miedo.
Quería decir ¡NO!, pero no me salían las palabras.
Y ustedes tres se le cruzaron en el camino abrazados, como hacen Los Pumas cuando cantan el himno.
Agarrados de los hombros.
Y ella no podía pasar.

En eso dá un paso y se acerca a uno de ustedes y le dice algo al oído.
No sé que le dice pero ese la deja pasar.

- ¡Quien fue! – grita Marcelo - ¡Quien fue!

No importa, no importa.
Uno de ustedes me falló.
Uno de ustedes me entregó.

Yo le pego el grito a Marcial para que traiga la cuenta.
Marcelo protesta porque todavía queda pizza y la cerveza está por la mitad.
- Dejalo, te digo – pago y lo agarro del brazo mientras salimos.

Darío se queda solo, sentado.
Le pide un café a Marcial y no nos mira cuando nos vamos.

A ninguno.



Lucio Vischñevsky
 
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No se autoriza su reproducción con fines comerciales en
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Este cuento está en el LIBRO 1