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TACTO
   

El olor a tostadas te hace suspirar.
Los martes son largos en invierno.
Es mucho tiempo hasta la noche que volvemos a casa.
Se siente el frío y el demasiado abrigo no ayuda.
A la mañana temprano el mate cocido se mete adentro como un río manso.

Tus ojos chocolate, un gesto cansado.

            - ¿Hay compras para hacer cuando vuelva a casa?
    > Mejor para el jueves, que vamos juntos.

             - ¿Nunca vas a usar guantes? – me preguntaste agarrando mis dos manos.
    > No quiero, no quiero, meto las manos en el bolsillo y listo.
             - No es lo mismo

Tus manos siempre son suaves, los dedos cortos y anchos me frotan la palma y suben hasta la muñeca.

             - ¿Todavía tenés la pulserita que te regaló Julieta?
    > Hasta que se rompa, ya le queda poco. Hoy dijo que pasa a almorzar conmigo. Me va a llevar a un lugar nuevo.
             - Tenés una hermana que vale oro, no la hagas renegar.
    > ¿Yo hacerla renegar? bueno,… a veces un poco. Este verano nos invitó una semana a la playa, en febrero, le dije que sí, ¿está bien?
             - ¡Claro!. La playa otra vez, el sol.
    > El sol
          - ¿Hoy a la noche hacemos fideos, querés?
    > Si, con carne, o con crema.
          - Compro postre cerca del laburo, algo dulce.
    > Vos sos dulce
          - Y vos sos un tonto, vení, dame un beso.
    > Tomalo como un adelanto, hoy a la noche te completo el pago.
          - Pero esperás que me duche antes y aguantas sin quedarte dormido.
    > Prometido.
          - Ayer me preguntaron porque no tenía perro, por curiosidad.
    >¿Te imaginás un perro acá adentro?
          - Vamos, que se va a hacer tarde.

Cerramos la puerta con cuidado y en silencio.
Las llaves siempre hacen ruido de cadenas al golpearse.
El ascensor subió con olor a recién limpiado.
El vecino que iba dentro dijo buenos días con voz de sueño.
La calle nos recibió con el invierno fresco.
Desplegamos los bastones blancos y caminamos juntos las tres cuadras hasta la parada del colectivo de ella.
El día recién quería empezar.

El colectivo paró y abrió la puerta. Los dos ciegos se despidieron con un beso tierno.



Lucio Vischñevsky
 
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Este cuento está en el LIBRO 1